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Si piensas asociarte, considera esto

Conocí a mi primer socio en uno de mis primeros lugares de trabajo como desarrollador de software. Era un tipo con ideas geniales, muy buen desarrollador, autodidacta y convicciones fuertes. Esto hizo que funcionáramos bien trabajando y desarrolláramos una amistad. Un par de años después, decidimos fundar nuestra propia empresa.

Yo estaba convencido de que ambos teníamos talento para hacer lo que ofrecíamos. Afortunadamente contábamos con algunos contactos que nos comenzaron a dar proyectos y todo pintaba bien. Ambos seguíamos ejecutando la parte técnica de maravilla.

Sin embargo, con el tiempo, la cantidad de proyectos que nuestra base de contactos nos daba, comenzó a disminuir rápidamente. De un momento a otro, comenzamos a tronarnos los dedos por falta de ingresos que sostuvieran el “emprendimiento” que teníamos.

Yo me preguntaba qué estaba pasando, si nuestro servicio era tan bueno, por qué no lográbamos vender más, si ambos trabajábamos muy bien. Hasta que me di cuenta que ese era el problema.

El problema era que ambos éramos muy similares. Dos personas que ejecutaban muy bien pero no complementaban sus habilidades. Habilidades que se requieren para construir un negocio exitoso.

Sumado a esta problemática, también se fueron dando diferencias sobre cómo llevar el negocio, cómo contratar, cómo vender, qué vender.

Ahora teníamos dos problemas. No complementábamos habilidades y no compartíamos visiones.

Sin embargo, extrañamente, seguíamos ejecutando muy bien lo poco que nos llegaba.

No pasó mucho para que el negocio terminara estrellándose y haciendo que cada uno tomara su camino.

Un socio debe complementar tus habilidades

Asociarse con alguien es casarse con ese alguien pero sin el sexo.

La gran mayoría de los emprendedores cuando somos novatos, solemos acercarnos a familiares o amigos con quienes nos llevamos tremendamente bien, que ejecutamos bien, que confiamos y amamos, para llevar a cabo ese sueño emprendedor.

El problema es que no nos fijamos si esta persona complementa nuestras habilidades. Asociarte con alguien por el simple hecho de que es tu amigo, familiar y confías en el tu vida, aumenta tus probabilidades de fracasar.

Quizás tú eres un experto técnico en tu ramo. Un genio de la programación, un diseñador sumamente talentoso, el mejor chef de la ciudad. Pero quizás eres malo creando relaciones, hablando en público, vendiendo.

Es ahí donde entra un socio. Alguien que puede aportar esas habilidades en las que tú no eres tan bueno pero que son necesarias para encaminar la empresa a donde debe ir. Alguien que se encargue de todo eso en lo que tú no eres bueno para que puedas enfocar tu atención y recursos en tu talento.

Mi socio actual, con quien he logrado cosechar bastantes logros en nuestros negocios, complementa todo aquello en lo que yo no soy bueno, así como yo enfoco mi talento y conocimiento en los aspectos que él no es tan bueno.

Identifica tus habilidades y tus debilidades, busca alguien que sea bueno en lo que necesitas complementar.

¿Recuerdas a Steve Jobs?

Steve Jobs era un genio del marketing. Steve Jobs sabía sacar lo mejor de cada colaborador (aunque a veces usase métodos poco populares). Steve Jobs sabía vender y tenía la visión de crear productos geniales.

Sin embargo, nada de eso hubiese sido posible sin las habilidades de ingeniería de Wozniak, quien creó la primer computadora que Apple vendió. Y viceversa.

Encuentra a tu Jobs o encuentra a tu Steve Wozniak. Alguien que te complemente en habilidades.

La visión y los valores son la clave.

Recuerda: Estas en un matrimonio.

Si la esposa quiere viajar por el mundo, conocer y desarrollar sus carreras profesionales mientras el marido sueña con tener hijos al corto plazo, el matrimonio, aunque quizás marche bien en un principio, no pasará mucho para que comience a tener problemas, diferencias entre lo que cada uno quiere para su nueva familia. Y si ambos no logran abrazar una visión compartida, se pondrán en el camino sin peaje para el divorcio.

Lo mejor para prevenir un amargo final como lo es el divorcio, hubiese sido que conocieran lo que espera cada uno de su relación antes de tomar la decisión de casarse. Que platicaran acerca de qué esperan hacer durante sus primeros años de casados, a dónde quieren viajar, cuáles son sus metas profesionales, cuántos hijos quieren tener y cuándo.

Lo mismo ocurre con los socios.

Habla con esa persona con la que piensas asociarte. Conoce qué valores rigen su vida y sus decisiones. Visualicen cómo sería el rumbo de la empresa que más resuene en ustedes. Discutan qué decisiones tomarían en caso de que equis cosa pasara en su empresa.

Si tu socio y tú se complementan pero no tienen la misma visión ni comparten los mismos valores y principios por los cuales se guiará tu empresa, entonces no sirve de absolutamente de nada.

Ante la duda, mejor no te asocies

Si tienes cualquier duda cuando estés apunto de emprender algo con alguien, lo mejor e que lo dejes.

De nuevo: asociarse es como un matrimonio.

Si dudas antes de ir a firmar esa nueva sociedad, contempla otras opciones. Encuentren otra forma de trabajar juntos: un contrato en participación de tiempo limitado, contrata a esa persona o simplemente ve solo por un tiempo. Créeme, vas a ahorrarte muchos problemas.

Todos los grandes se asocian

Steve Jobs tuvo a Wozniak. Bill Gates tuvo a Ballmer. Elon Musk ha tenido múltiples socios y todas sus empresas apuntan hacia arriba.

No todo será siempre color de rosa, pero si te asocias con la persona correcta, las cosas funcionarán muy bien.

Dicen por ahí que si quieres llegar rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado.

Un abrazo.

Las ideas son para compartirse: